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martes, 30 de abril de 2024

Eclipses, una curiosidad en el comportamiento animal

 


Durante el eclipse solar total ocurrido el pasado lunes 8 de abril del presente mes, científicos y trabajadores de varios zoológicos norteamericanos pudieron observar  cómo los animales mostraban cambios en su comportamiento habitual. Por ejemplo, en  los zoológicos de Tejas pudieron ver que algunos primates exhibieron signos de violencia y algunos de curiosidad. Y en cuanto acabó el eclipse, todo volvió a la normalidad.

 Durante el eclipse la mayoría de los animales se fueron a sus cuadras o a sus dormideros, lo habitual por la noche. Esto en especies diurnas, sin embargo, en las nocturnas como búhos se observó lo contrario y mostraron mayor actividad.

  Este comportamiento se conoce desde siempre, de hecho la primera vez que escuché hablar de ello fue cuando me lo contó mi abuela. En su día me explicó como el ganado de la casa se fue a dormir a la cuadra y cuando pasó el eclipse total todos volvieron a la actividad normal. En resumen, lo que ocurre es que los animales se comportan como si anocheciese. A algunos animales algo no les cuadra y al principio muestran signos de agresividad y curiosidad, pero al final también asumen que anochece. Luego, al volver la luz retoman su actividad como si nada hubiese pasado y esta curiosidad esos mismos animales es casi imposible que la vuelvan a sufrir durante el resto de sus vidas por lo que apenas tiene afecto biológico es sólo eso, una curiosidad para ellos y para nosotros.

 Un saludo

martes, 21 de noviembre de 2023

La crucial labor de las polinizadoras bailarinas

 


  Hoy, en pleno otoño, toca volverse poético y rememorar la primavera y el verano. En el extenso teatro de la naturaleza, donde plantas y flores despliegan su esplendor, existe una danza misteriosa que sostiene la vida tal y como la conocemos. En este escenario, unas polinizadoras emergen como hermosas bailarinas, desempeñando un papel esencial en la perpetuación de la biodiversidad y también en la producción de muchos alimentos que llegan a nuestras mesas.

  ¿Quiénes son estos intrépidos animalillos? Desde las delicadas mariposas a los iridiscentes colibríes, los polinizadores son los agentes forestales inadvertidos de nuestros ecosistemas.

  A medida que exploramos florecientes jardines y campos ondulantes, nos sumergimos en un mundo sorprendente, el de las bailarinas abejas. La conexión entre las plantas y las abejas que las polinizan va más allá de lo estético y de lo económico; hay un sistema de comunicación que sustenta buena parte de la vida en la Tierra. En esta comunicación, descubrimos cómo la polinización, aparentemente simple, para las abejas es en realidad un ballet intricado que influye en la salud de los ecosistemas, la producción de alimentos y, en última instancia, en la supervivencia misma de numerosas especies.

  La danza de las abejas

  Las abejas domésticas, Apis mellifera concretamente las obreras, realizan una danza única para comunicar a otros miembros de su colonia la ubicación de las flores a las que van a polinizar. Esta danza se conoce como la "danza de la abeja" y fue estudiada en detalle por el zoólogo austríaco Karl von Frisch, quien en el año 1946 publicó su descubrimiento en la revista zoológica austriaca*. Gracias a este gran científico se comprendió por vez primera lo que significaba este misterioso baile que ya fue observado por el padre de la Zoología, Aristóteles, pero cuyas indagaciones no pudieron desentrañar su misterioso significado.

  Danza: Proporciona información sobre la dirección, indicando el ángulo respecto al Sol y la distancia precisa de la fuente de alimento,  moviendo el abdomen de derecha a izquierda de manera que informa de la distancia a la fuente de alimento.

  Estas danzas permiten a las abejas compartir información crucial para la supervivencia de la colonia y son un fascinante ejemplo de comunicación en el reino animal. Gracias a estas sugerentes danzas transmiten la dirección y la distancia a las flores en las que encontrar el delicioso néctar que necesitan para producir la dulce y maravillosa miel.

  Un saludo

*Nota: Die Tänze der Bienen. In: Österreichische Zoologische Zeitschrift 1, 1–48 (1946)

miércoles, 10 de mayo de 2023

El error de atribuir parasitismo sexual al rape linterna negro

 


  En esta entrada del blog vamos a tratar de una de las especies mejor adaptadas a la vida en las profundidades oceánicas ya que se encuentra entre 100 y 1500 metros de profundidad. Además muchas de sus adaptaciones nos resultan enormemente chocantes a nosotros que vivimos en ambientes con unas condiciones de vida menos extremas. Bien, se trata del diablo negro o pez linterna negro, Melanocetus johnsonii de la familia Melanocetidae que en razón de su éxito se encuentra en todos los mares y océanos del mundo a profundidades a las que nunca llega la luz solar. De hecho, se ha encontrado incluso en el mar de Ross. El cuerpo es negro para volverse invisible, y globoso con una gran cabeza, que alberga una barbilla larga y fina en cuya punta se produce luz por bioluminiscencia. Esta luz es generada por bacterias de la especie Enterovibrio escacola, un simbionte facultativo, y es aprovechada por el pez para atraer a sus presas ya que estamos ante un interesante carnívoro con una boca desproporcionadamente grande con la que engulle en segundos a presas incautas. La boca tiene un posicionamiento casi vertical con afilados dientes. Al vivir alejados de la luz las hembras tienen ojos pequeños y subcutáneos lo que indica que apenas los necesitan. Otra curiosidad es que carecen de aletas pélvicas. La especie fue descubierta inicialmente cerca de Madeira por el naturalista inglés James Yates Johnson en 1863, de ahí el nombre científico.

Dimorfismo sexual y bajo metabolismo

  Hasta bien entrado el siglo XX los machos, que carecen del aparato bioluminiscente se clasificaban como especies diferentes hasta que en 1924 el ictiólogo británico Charle Tate Reagan descubrió que unos pequeños peces estaban unidos para la reproducción a las hembras, mucho mayores. Este impresionante dimorfismo sexual  que provocaba que se clasificasen en otra categoría taxonómica es una de las adaptaciones más chocantes de todas. Las hembras llegan a medir 150 mm y los machos unos 25 mm, los machos si tienen grandes ojos y fosas nasales que necesitan para localizar a sus parejas en esos entornos tan oscuros. Las hembras tienen estómagos tan extensibles que les permiten digerir presas mayores que ellas mismas. Esto tiene que ver con que a las zonas profundas del océano sólo llega el 5% de los nutrientes producidos en la zona fótica. Hoy en día sabemos que su tasa metabólica es baja y que pueden ajustar su consumo de oxígeno hasta el extremo de poder vivir largas temporadas en condiciones hipóxicas o incluso anaeróbicas.

Sexualidad y error sobre el parasitismo sexual

  Debido a su estrategia de pesca que es esperar y atraer presas, estos animales son muy solitarios de tal modo que los machos tienen órganos sensoriales altamente desarrollados para rastrear los olores de las hembras a esas profundidades. Cuando la localizan, la muerden quedándose enganchados y en el momento de la reproducción liberan su esperma para completar la fecundación externa, después se sueltan y van a buscar otra hembra. Esto que comento aquí tiene su importancia porque resulta que por algún motivo se atribuye el comportamiento del parasitismo sexual a todas las especies de ceratioides y precisamente en esta especie no ocurre eso. Para entendernos, en dicho comportamiento lo que sucede es que el macho después de morder a la hembra para sujetarse a ella y poder completar la reproducción ya no se vuelve a soltar nunca y se fusiona con ella de tal modo que se le atrofian los órganos, excepto los sexuales y pasa a convertirse en un mero apéndice de la hembra. Resulta que si buscamos esto en todo el suborden sólo ocurre en 5 familias de las 11 existentes, en 10 géneros de los 35 y en 23 especies de las 160 conocidas. Resumiendo, entre los ceratioides hay tres comportamientos sexuales: parasitismo obligatorio, parasitismo facultativo y apego temporal no parasitario. Este último es el que corresponde a nuestra especie de hoy, pero por un error generalizado de la divulgación científica se lee por muchos lugares que los machos son parásitos obligados lo cual en esta especie es complemente erróneo.

Un saludo

Ref.:

Pietsch, T.W. (2005). Dimorphism, parasitism, and sex revisited: modes of reproduction among deep-sea ceratioid anglerfishes (Teleostei: Lophiiformes). Ichthyological Research, 52(3), 207–236. doi:10.1007/s10228-005-0286-2

miércoles, 8 de mayo de 2013

La rata dr. Jekyll y mr. Hyde

  Tendemos a pensar que somos buenos con las demás personas, pero la realidad de nuestros comportamientos es otra como bien sabemos, aunque sólo sea por las secciones de sucesos de la prensa. Esa misma tendencia a pensar que son sociables y buenos nos puede despistar cuando un animal nos resulta bonito.

  Un buen ejemplo lo tenemos con la rata del hielo, Otomys sloggetti habitante de las montañas Drakensberg de Sudáfrica y Lesotho. Este roedor presenta muy acusadamente esta dicotomía hasta el extremo de recordarnos la novela de “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. Comparte madrigueras sin ningún problema, es más las ratas se acurrucan juntas y son  cariñosas y agradables, pero en cuanto salen al exterior, se acaba la buena educación.

No hibernan

  Las ratas de hielo sudafricanas viven a partir de 2000 m. de altitud en el piso alpino. A esa altura el aire es frío y es normal encontrar nieve por el suelo. Estos curiosos roedores parecen haberse adaptado a la vida montañosa no hace mucho tiempo porque, de hecho, no parecen estar perfectamente adaptadas a este gélido clima, por ejemplo, no hibernan como es habitual en otros roedores alpinos, y sus funciones corporales van  mejor a temperatura ambiente entre 26 y 28 ° C, es decir, mantienen una fisiología más propia de altitudes inferiores. Para compensar esto su intestino delgado es más largo de lo habitual, lo que les permite absorber más energía de los alimentos y por lo tanto mantener el calor. Su piel es bastante densa, permitiendo retener el calor más fácilmente que sus parientes de tierras bajas. Estas adaptaciones ayudan, pero no lo suficiente, hace falta otra cosa adicional que no es otra que un cambio comportamental. Así que en lugar de cambiar sus cuerpos, las ratas de hielo han cambiado la forma en que se comportan. Mientras que las especies similares de tierras bajas llevan vida solitaria, las ratas de hielo trabajan juntas cavando madrigueras, donde se acurrucan juntas para mantener el calor.

  Esta información se ha logrado tras monitorear 10 colonias de estas ratas silvestres durante cuatro años. Cada una tenía hasta 17 adultos con 612 horas anuales de observación. Una vez subían a superficie las ratas sólo interactuaban 31 veces (26 de modo agresivo).

Boxeo ratonil

  Estos pequeños roedores corren uno hacia otro, y empiezan a boxear con sus patas delanteras. Lo bueno de todo esto es que las ratas no se realizan graves heridas entre ellas. Los investigadores también realizaron experimentos en los que enjaularon una rata de hielo (para su propia protección) antes de colocarla cerca de otra, de su propia colonia o de otra. Las ratas de hielo eran casi siempre agresivas hacia las demás, independientemente de su colonia original, una vez salen de sus madrigueras estas ratas no muestran ninguna lealtan hacia sus compañeras. Los científicos sudafricanos que han descubierto este comportamiento comentan que como la comida es escasa a esa altitud las ratas deben competir muy duro para comer. Como les encantan las manzanas, los investigadores les daban trozos de esta fruta y automáticamente comprobaban cómo estallaban más peleas.


Explosión demográfica

  Como las fuertes nevadas son el único freno a su población, y en las últimas décadas nieva menos, estos roedores endémicos han aumentado mucho el número de sus poblaciones, con lo que se están beneficiando de estos cambios. Claro que en cuanto los depredadores de las tierras bajas empiecen a adaptarse y vayan subiendo a su piso bioclimático todo cambiará. Ahora no están acostumbradas a depredadores, pero ya se está observando que algunos como el chacal ratonero de tierras bajas comienzan a ascender y posiblemente esto vuelva a afectar su patrón de comportamiento ya que deberán hacerse más sociables y avisarse entre ellas cuando vean enemigos comunes, cosa que ahora no hacen.

Un saludo

Referencias:

Spatial dichotomy of sociality in the African ice rat
  A. Hinze, T. Rymer and N. Pillay

The rat with two faces

miércoles, 3 de abril de 2013

Otario style

Lobo marino  Todos hemos sentido alguna vez las ganas de seguir el ritmo de una canción, golpeando con las manos alguna parte de nuestro cuerpo, tarareándola o realizando movimientos repetitivos con la cabeza, las manos o los pies. Desde hace algún tiempo seguramente bajo la influencia del inevitable pensamiento antropocéntrico, que de un modo u otro nos domina, se ha pensado que seguir el ritmo era un comportamiento aprendido asociado a nuestra capacidad de hablar, y aunque propiamente humano se podía enseñar también a algunas especies animales como cacatúas, periquitos, etc. capaces de vocalizar palabras. Sin embargo, algunos trabajos en psicología experimental, disciplina estrechamente relacionada con la etología, en los que se está avanzando últimamente, parecen desmentir estos planteamientos preconcebidos.

Un otario "bailando"

  Un equipo de psicólogos norteamericanos de la Universidad de California - Santa Cruz, han publicado un estudio en "Journal of Comparative Psychology" en el que han enseñando a seguir el ritmo a "Ronan" un león marino californiano, Zalophus californianus. En el video vemos al protagonista de esta historia demostrando que puede aprender a sacudir su cabeza balanceándose al ritmo de la música.

  Para considerar válido el comportamiento buscado los científicos verifican el cumplimiento de tres criterios:


  1. El comportamiento debe ser una respuesta que no reproduzca el estímulo.
  2. La transferencia del rendimiento debe abarcar una amplia gama de "tempos". 
  3. El ritmo debe seguirse ante estímulos musicales complejos.

Los otáridos siguen el ritmo

  Si pensamos en el jaleo y la música que ponen en los espectáculos acuáticos de algunos zoos con otarios o delfines parecería que después de todo no es un comportamiento tan extraño, pero recordando la tranquilidad con la que hace unos años observé otros otáridos, los lobos marinos, Otaria flavescens, nadando silenciosamente en el puerto chileno de Antofagasta lo de seguir el ritmo ya no es tan obvio. En definitiva, parece que la capacidad de seguir la música con movimiento sonidos rítmicos no depende de la capacidad de imitación vocal y puede ser una capacidad más extendida en el reino animal de lo que se pensaba.

  Un saludo

  Nota:

  Este post participa en el Carnaval de Biología edición especial micro-BioCarnaval, que hospeda @Raven_neo en su blog Micro Gaia
 
  Referencias:

  - Sea Lion Bops to the Beat, Challenging Popular Rhythm Theory
 
  - A California Sea Lion (Zalophus californianus) Can Keep the Beat: Motor Entrainment to Rhythmic Auditory Stimuli in a Non Vocal Mimic

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Espectacular migración de ermitaños

  En el norte de las pequeñas Antillas hay un grupo de islas a las que Cristobal Colón, en 1493, durante su segundo viaje a América, llamó las “Once mil vírgenes”, en recuerdo de Santa Úrsula y el resto de vírgenes martirizadas por los hunos durante el bajo Imperio romano en la ciudad de Colonia. Con el paso del tiempo este archipiélago ha pasado a llamarse las islas Vírgenes. Precisamente, en la isla de “Saint John”, el fotografo Steve Simonsen acaba de grabar una espectacular migración anual en este breve video.

La migración del cangrejo soldado

  A finales de agosto, en el Caribe, se produce una espectacular migración protagonizada por un curioso animal. Se trata del cangrejo soldado o cobo, un tipo de cangrejo ermitaño caribeño de la especie, Coenobita clypeatus que se caracteriza por sus hábitos terrestres que lo diferencian de los cangrejos ermitaños de otras especies que prefieren no alejarse mucho de la mar.

  Ocupa normalmente conchas de gasterópodos, aunque en caso de apuro puede recurrir incluso a pequeñas botellas. En esta especie la competencia por el alojamiento es feroz y cuando al ir creciendo necesitan cambiar de casa se las roban unos a otros entablando tremendas luchas, aunque también han desarrollado el comportamiento más sofisticado de cambiar las conchas vacías en cadena.

  Esta especie en concreto tiene hábitos terrestres, aunque debe mantener la humedad entorno a su cuerpo, lo consiguen introduciendo agua dentro de su peculiar vivienda. Sin embargo, hay una etapa clave de su vida en la que vuelve a la mar, se trata de la reproducción. Entonces bajan a la costa miles y miles de cangrejos a desovar. Los nuevos cangrejos, nacidos en el agua, pasan la primera etapa de su vida en la mar como el resto de cangrejos ermitaños. Más adelante, al crecer más, se hacen terrestres pudiendo alcanzar la venerable edad (para un cangrejo) de 30 años o más.

  Un saludo

  Nota:

  Esta entrada participa en la XVI edición del Carnaval de Biología, organizado por El Blog Falsable.
 

miércoles, 6 de junio de 2012

De cómo los cangrejos ermitaños evitan burbujas inmobiliarias


  El título puede inducir a equivoco porque la comparación es aproximada, pero los cangrejos ermitaños y otras especies tienen comportamientos bastante efectivos que evitan las burbujas inmobiliarias que padece nuestra 
especie en diferentes países. Si ellos padeciesen este problema veríamos cangrejos sin hogar y otros en buenas casas.


Mudanzas


  Mudarse de hogar es un comportamiento observado en numerosas especies entre las que nos incluimos nosotros, por supuesto. Uno de los cambios de hogar más curiosos que se pueden observar es el de los cangrejos 
ermitaños. Cuando, al ir creciendo, el cangrejo ya no entra bien en su casa comienza a buscar una nueva “autocaravana”. Antes de entrar en la nueva concha de caracol destinada a ser su futuro hogar comprueba que no tiene dueño porque normalmente pertenecen a un caracol o a otro cangrejo, luego la miden con sus pinzas, para ver si entran en el hueco, también miran si la concha tiene fallos, etc. Esto es muy similar a cuando nosotros vamos con el metro a medir un piso y nos fijamos en si hay humedades, la calidad de la construcción, etc. En cuanto le convence la nueva casa el cangrejo cambia rápidamente de hogar, de modo que su delicado abdomen está poco tiempo a descubierto, obviamente estos simpáticos animales no recurren a agencias inmobiliarias.


  Cambio de vacantes en cadena


  Con esta frase nos referimos al típico comportamiento humano que se produce en las organizaciones jerarquizadas, cuando en una administración o en una empresa un puesto queda libre los individuos que están por debajo en la escala van ascendiendo dejando su puesto a otro, de tal modo que se produce un cambio en cadena que afecta a varios individuos. Este comportamiento también se ha observado en los cambios de hogar, y en otras especies… de este modo se produce una interesante reasignación de recursos que resulta beneficiosa para todos los individuos que toman parte en esta curiosa cadena.


  Pues bien, hace ya algunos años este comportamiento fue observado inicialmente por investigadores norteamericanos que trabajaban con el cangrejo ermitaño, Pagurus longicarpus en Long Island, luego ha sido observado en otros animales: lapas, langostas, peces, pulpos, pájaros carpinteros, etc. También se ha observado en otras especies de cangrejo como, Coenobita clypeatus que puede verse en el vídeo haciendo el cambio de hogar en cadena.


  Un dato importante, es que podemos incurrir en la idea preconcebida de que en estas cadenas salgan beneficiados una docena de cangrejos o más, pero no, resulta que estas cadenas sólo ayudan a 2 ó 3 cangrejos cada vez que se desencadenan, lo cual sin embargo es mucho más beneficioso que si compitiesen a empujones por una sola concha de caracolillo.


  De este modo, al no acaparar pisos como ocurre con nuestra especie (en unos países más que en otros y por razones que se escapan del alcance de una pequeña entrada como esta) resulta que los cangrejos reparten este recurso de un modo más eficiente.


  Un saludo


  Referencias:

  1. The vacancy chain process: a new mechanism of resource distribution in animals with application to hermit crabs. Ivan D. Chase, Marc Weissburg, Theodore H. Dewitt.
  2. Hermit Crabs Trade Up by Exchanging Shells in Queue
  3. On a Tiny Caribbean Island, Hermit Crabs Form Sophisticated Social Networks

 Nota:

  Esta entrada participa en la XIV edición del carnaval de Biología que se hospeda en el blog "BioTay”.

martes, 24 de abril de 2012

Geofagia en piquituertos

  El domingo hice una pequeña excursión por la Sierra del Guadarrama, el camino discurrió relajadamente por un típico pinar de pino silvestre, Pinus sylvestris L. A media tarde llegamos a un precioso mirador desde el que divisamos el macizo de Peñalara completamente nevado.
  Durante un buen rato pude seguir el vuelo de una aguililla calzada, Hieraaetus pennatus, en fase clara que no hacía más que mirar hacia abajo buscando alguna presa. Esta visitante estival antes de alejarse me puso nervioso al hacer un ademán de lanzarse en picado. La tarde fue muy agradable, sin embargo, como tantas veces lo mejor vino cuando llegó la hora de volver.
 
  Geofagia atípica

  El aire frío cortaba y apareció una pequeña bandada de piquituertos, Loxia curvirostra, dos hembras y tres juveniles de segundo año. Se posaron en unos pinos frente a mi cantando con fuerza, de repente se lanzaron hacia donde estaba agachado dándome la errónea sensación que venían hacia mi, pero no, lo que les interesaba estaba más bien detrás. Se posaron a unos 4 ó 5 m sobre un saliente de la fachada del albergue que tenía a mi espalda y se pusieron a picotear la pared con sus picos cruzados. En ese momento me acordé de un documental de unas guacamayas que comían caolinita (arcilla con diferentes usos industriales y médicos). La geofagia, literalmente ingerir tierra, es algo bastante común entre las aves, aunque este ejemplo de los piquituertos en realidad es una variante porque se estaban comiendo la pared de un edificio.

  El calcio, un elemento fundamental para la vida

  Mientras volvía, lo primero que pensé fue: - vaya, no había ningún macho -, y no sólo eso los juveniles no picoteaban la pared, se posaban en el suelo y esperaban. Sólo las hembras comían. Como bien saben los criadores de aves, las hembras antes de poner huevos necesitan un aporte adicional de calcio y una de las formas más habituales que tienen de darles este suplemento es el hueso de jibia, compuesto principalmente de carbonato cálcico igual que la cáscara de los huevos, y como no puede ser de otro modo puesto que la cáscara representa entre el 9% y el 15% del peso del huevo, las granjas avícolas necesitan añadir al pienso importantes cantidades de conchillas de moluscos, caliza, etc. para sus ponedoras.
  Así que las hembras de piquituerto picoteaban la pared para realizar exitosamente la puesta gracias al aporte mineral de carbonato cálcico que obtienen de la pared.


  Un saludo

  Nota:

  Esta entrada participa en la XII edición del carnaval de Biología que se hospeda en el blog "Blog de laboratorio".



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